HISTORIA DE LA IGLESIA 3. EVANGÉLICOS EN MÉXICO. DEL MOVIMIENTO LIBERAL A LA REVOLUCIÓN Y CONTEMPORÁNEO

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EL MOVIMIENTO LIBERAL DE REFORMA EN MÉXICO

Una vez que México consiguió su independencia política de España, se plantearon las primeras posibilidades de tolerar en México la práctica de religiones diferentes a la católica. Se dieron entonces los primeros pasos para conceder la práctica en privado de ellas a extranjeros que, ya fuera con un carácter oficial o simplemente como inmigrantes, vinieron a residir al país. Cuando años más tarde, los liberales mexicanos buscaban lograr un cambio de mentalidad en los mexicanos que los llevara a encauzar al país en la corriente de las naciones modernas, y buscaban también armas para luchar contra uno de sus mayores enemigos -el clero católico-, comenzaron a ver con simpatía al cristianismo surgido de la Reforma hacía ya 300 años. Suponía éste una creencia que los liberales, religiosos a pesar de su anticlericalismo, consideraban esencial para la educación del pueblo. Era, además, una creencia moderna con un carácter mucho más práctico que el catolicismo, y que por tanto serviría a sus fines de modernizar al país.   
Para mediados del siglo XIX las cosas empiezan a cambiar con el surgimiento del movimiento liberal mexicano, y surgió interés aun dentro del catolicismo. Durante la Intervención Francesa, un movimiento conocido como la Sociedad Católica Apostólica Mexicana que deseaba modernizarse, casi desapareció, pero fue restaurado con el apoyo de Benito Juárez en 1867.
Recordemos que la religión católica era la mayor propietaria de bienes inmuebles en el país, lo cual la había convertido en la entidad política y económica más poderosa, y ante esto, Juárez había decretado la nacionalización de los bienes eclesiásticos. Toda hegemonía del clero sobre la vida, muerte y patrimonio de los mexicanos quedaba ahora restringida. Las Leyes de Reforma también habían invalidado los matrimonios por la iglesia y establecido el Registro Civil para matrimonio, nacimientos y defunciones, la separación de la Iglesia y el Estado, suprimían los fueros del clero y del ejército, la secularización de cementerios y establecían la libertad de cultos.
Al amparo de la promulgación de la Ley de Libertad de Cultos (1860) en las Leyes de Reforma, la puerta se abrió. El cristianismo evangélico podía entrar legalmente a México, y no sólo sería tolerado, sería bienvenido, promovido y auspiciado. Juárez estaba convencido del beneficio de este cristianismo, y dijo: "La futura felicidad y prosperidad de mi nación depende del desarrollo del protestantismo". Posteriormente afirmó: “Desearía que el protestantismo se mexicanizara conquistando a los indios; éstos necesitan una religión que los ayude a leer, y no los obligue a gastar sus ahorros en cirios para los santos.” Así se abrió el espacio social mexicano a grupos cristianos extranjeros, y se impuso la separación definitiva de la Iglesia y el Estado con la consiguiente secularización de la sociedad mexicana en el nivel jurídico-político.
La simpatía de Benito Juárez con las ideas evangélicas favoreció la expansión del cristianismo evangélico en México, pero el arraigo del catolicismo en la población mexicana era aún difícil de romper. Por primera vez en su historia, México elevaba a nivel constitucional la libertad de culto. Esto explica el odio en círculos y colegios católicos hacia don Benito Juárez, a grado tal que cuando personas de ese círculo necesitaban ir al WC decían: “Voy al Juárez”. Continuaron la linea reformista Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. Con estas leyes, el clero había sido despojado del poder hegemónico que ostentaba sobre los mexicanos desde el nacimiento hasta su muerte.
Con base en la conquista de los derechos liberales formalizados en la Constitución de 1857 y en las Leyes de Reforma, penetraron de manera sistemática las denominaciones cristianas norteamericanas en las décadas de los año setenta y ochenta del siglo XIX. Estas denominaciones e iglesias evangélicas se establecieron en dos regiones. Por un lado, en la frontera norte surgieron congregaciones desde Sonora hasta Tamaulipas, lo cual dio auge a una expansión económica, política y cultural sin precedentes en esa zona del país. Favoreció esta implantación la cercanía de las sedes misioneras norteamericanas, la inmigración de personas provenientes de países abiertos al cristianismo evangélico como Italia, Francia, Alemania, Holanda e Inglaterra, y la existencia de una no muy densa población católica. Por otro lado, se establecieron a lo largo del eje económico de Veracruz, Puebla, Ciudad de México, Pachuca y Guanajuato, aunque con mayor resistencia, antagonismo y persecución por parte del clero católico.
Al principio, Porfirio Díaz apoyó a la religión católica debido a la influencia política que esta detentaba sobre los mexicanos, pero después apoyó la libertad de culto y el establecimiento de misiones cristianas en nuestro país al ver los beneficios que implicaba la modernidad de esta creencia. La influencia del cristianismo en el desarrollo económico del país se dejó sentir en esa época. Para 1905, la influencia de los cristianos se percibe también en la huelga de Río Blanco, Veracruz, donde apoyaban un movimiento de organización tipo mutualista, pero que por la intervención de otros miembros ajenos a este círculo, derivó en la sangrienta huelga que aunada a la de Cananea, dieron origen a la Revolución Mexicana.


 

EL CRISTIANISMO EVANGÉLICO DURANTE LA REVOLUCIÓN

Los ideales revolucionarios de Madero tenían fuerte influencia del cristianismo evangélico de la época, a la vez que las intenciones de la revolución maderista hacían eco entre los cristianos evangélicos. José Rumbia y Benigno Zenteno, ambos pastores evangélicos, participaron activamente en los inicios de la Revolución. Un periódico de la época, La Nueva República, reseña:

Este discurso protestante que siempre había luchado contra el ocio y la borrachera se unía al del gobierno y del capital extranjero cuando subrayaba: 'No hay que hacerse ilusiones. La ley ineludible es que cada quien tiene que labrar su propia fortuna. El gobierno puede hacer algo en el sentido de facilitar medios de educación y de marcar el alto a los opresores; pero no puede hacer prosperar a nadie que no lo merezca por su carácter y por sus trabajos. Bien se dice que no hay tiranía tan opresiva y fatal como la de los vicios y de la ignorancia. El día que se expatrien éstos, habrá felicidad y bienestar, pero no se alcanza sino por esfuerzos individuales'". Esta fe en el esfuerzo individual surgía de su propia experiencia de ex-campesinos transformados en obreros y redimidos por la escuela protestante. Por eso también esperaban del gobierno de Madero un apoyo a la educación popular. Para ellos la educación popular protestante había producido en México 'un creciente número de jóvenes de rectas y firmes convicciones, de despejada y activa inteligencia, de inquebrantable resolución y denodado patriotismo; un grupo que esparcido en todas partes de la república no puede menos que producir efectos sobre el progreso del país'. Sin embargo ante todo, los misioneros y los pastores protestantes esperaban de Madero a alguien que pusiera en vigor las leyes de Reforma en cuanto a la separación de la Iglesia y del Estado. Atacaban duramente tanto la política de conciliación de Porfirio Díaz como la aparición de 'rugientes y terribles enemigos que con sus amenazas anublan el brillante porvenir de nuestra república', el partido católico, 'enemigo del progreso, del naciente gobierno, del partido liberal y del pueblo evangélico'. En julio de 1911, el órgano de la Iglesia congregacional en el norte llamaba la atención sobre 'el nuevo derramamiento de sangre que hoy se deja entrever'. Invitaba al pueblo evangélico a no quedar pasivo y pedía que 'antes que el fusil, el cañón y la metralla hagan que se vierte la primera gota de sangre, salgan los evangélicos al campo de batalla, no para esgrimir el acero sino el arma poderosa del amor. La justicia antes que por el acero, debe triunfar por la razón y el amor'. En vista de preparar la lucha sobre el terreno político ellos proponían crear 'ligas de patriotas que pongan en práctica medidas para educar al pueblo sobre sus deberes como ciudadanos'. En noviembre de 1911, Francisco I. Madero visitaba el colegio inglés (metodista) de Saltillo prometiendo libertad de conciencia y el desarrollo de la enseñanza gratuita 'porque antes se tenía hambre y sed de justicia, ahora se tiene hambre y sed de instrucción'".
Estos ideales cristianos se vieron realizados cuando Carranza nombró a Andrés Osuna como Director de Educación Pública en 1916, y este varón de la iglesia metodista creó el sistema de educación nacional bajo la óptica de los principios cristianos, aunque laica en su ejecución, es decir, no dependería de religión alguna, sino del gobierno, lo cual era un ventaja, ya que el clero católico quedaba acotado de esta manera en sus sistemas de educación. Estos principios rigen hasta hoy la educación en México, ya que durante el carrancismo, los maestros y directores cristianos abundaron en las escuelas a nivel nacional. Uno de ellos fue Moisés Sáenz que llegó a ser director de la Escuela Nacional Preparatoria y Ministro de Instrucción Pública en sucesión de Vasconcelos, e influyó en la creación de un sistema basado en la ética de educación cristiana. La Constitución declaró a la educación laica, gratuita y obligatoria, y la influencia de tantos cristianos en el sistema educativo mexicano, eliminó para siempre el monopolio de la educación católica y permitió la expansión de la educación bajo los principios del cristianismo evangélico; aunque bajo Cárdenas penetró el modelo de educación socialista, poco después se reinstauró la educación laica. Mientras el gobierno toleraba la existencia de escuelas católicas y cristianas, los programas educativos estaban bajo la estricta tutela del Estado. No obstante esta laicidad, el 28 de septiembre de 1921, el presidente participa en una acción de gracias por los 100 años de la independencia nacional junto a 4 mil evangélicos reunidos en el teatro Esperanza Iris del Distrito Federal.
Carranza, Obregón y Elías Calles consolidaron el sistema de educación en México dejando su diseño en manos de cristianos. La Revolución Mexicana fue clave para la predicación del Evangelio, ya que muchos cristianos evangélicos participaron en este movimiento y predicaban a las tropas donde estuvieran. La inclusión de líderes y maestros cristianos entre el grupo que había alcanzado el poder, influyó para que México no abrazara el socialismo radical tipo ruso. Después del triunfo de la Revolución, Elías Calles trató de implementar los artículos de las Leyes de Reforma, que dio como resultado “la rebelión cristera” o "cristiada" y la consiguiente persecución religiosa; esto allanó el camino para la propagación del Evangelio por todo el territorio nacional durante las primeras décadas del siglo XX, favoreciendo indirectamente al cristianismo evangélico, a pesar de que también fueron afectados. Aunque Obregón y Calles eran de ideas anti-religiosas, se enfocaban principalmente contra el clero católico, ya que acotó a la religión católica y la mantuvo circunscrita a los templos, pero había una mayor tolerancia del Estado hacia las congregaciones evangélicas. La excepción fue la citada rebelión cristera enfrentada por Elías Calles, y atenuada hasta los tiempos de Miguel Alemán y Ávila Camacho, cuando el clero nuevamente alentó la persecución contra los cristianos desde el púlpito al sentir la simpatía de estos presidentes.


EL SINARQUISMO Y ACCIÓN CATÓLICA

Pero el catolicismo no se iba a quedar de brazos cruzados. En esta época contaba con el movimiento de Acción Católica y el sinarquismo falangista, de línea conservadora, afines al clero, y que simpatizaban con las ideas de Hitler y el Nacionalsocialismo alemán (nazismo). La pretensión original de estos grupos era alcanzar el poder para eliminar de la Constitución los artículos que restringían el poder del clero, pero el dominio pleno del partido de los revolucionarios evitó que lograran su objetivo. Eventualmente estos movimientos confluyeron para la creación del Partido Acción Nacional en 1939. La mayoría de los autores concuerdan en que el nombre escogido para este partido es “Acción” por el movimiento de Acción Católica (la Constitución prohíbe el uso de descripciones religiosas en los partidos políticos, por eso se tomó sólo “acción”, y el azul y blanco como colores emblemáticos marianos), y que “Nacional” es por el nacionalsocialismo del partido Nazi, ya que la mayoría de sus fundadores eran simpatizantes del nacionalismo que recorría Europa. Por eso la constante referencia al panismo como proclive al clero o fascista.
A excepción de Alemán y Ávila Camacho, los gobiernos post-revolucionarios mantuvieron esta firme línea de acotamiento en cuanto al clero, lo cual siguió beneficiando al movimiento cristiano evangélico a nivel nacional. La fundación del Partido Nacional Revolucionario, actual PRI (integrado básicamente por ex-revolucionarios masones y liberales), permitió que se mantuviera esta política durante los siguientes 60 años posteriores a la Revolución, mismos que el clero estuvo limitado de participar en política, educación y otros servicios civiles, aunque con tolerancia debido al modus vivendi o nicodemismo. Circunstancialmente, el enemigo de los enemigos del cristianismo se convirtió en amigo de los evangélicos. Esto libró a México de más intervenciones hegemónicas del catolicismo sobre el pueblo en muchos aspectos de su vida, permitiendo la libertad de culto, de expresión y de conciencia, y evitando también más derramamiento de sangre mexicana.


EL CRISTIANISMO EN LA CUMBRE DEL PODER

El punto cumbre de la influencia evangélica fue con la ascensión al poder de Lázaro Cárdenas, quien no ocultó su simpatía y cercana participación con los cristianos evangélicos, y de Adolfo López Mateos, ya que doña Eva Sámano de López Mateos era cristiana evangélica practicante, algo inconcebible cuando la religión católica controlaba la vida nacional en México. A partir de aquí, la religión católica comenzó a decir que los evangélicos eran una amenaza, y los curas en poblaciones rurales y aisladas, en complicidad con las autoridades locales, alentaban a la feligresía católica a atentar contra los cristianos en su vida y propiedades. Actualmente esto se vive en menor escala en Chiapas, Guerrero y Oaxaca.
Un ejemplo sobresaliente de la influencia evangélica en México fue el Instituto Lingüístico de Verano (ILV) que surge en 1936 bajo el impulso y amistad que Lázaro Cárdenas brinda a su fundador, William C. Townsend. ILV se dedicó a elaborar y publicar en dialectos de distintas etnias del país diccionarios, gramáticas, materiales para promover la lectoescritura, cuentos tradicionales y, en cooperación con organizaciones como la Liga Bíblica de México y las Sociedades Bíblicas Unidas, traducciones de textos bíblicos. Conforme el trabajo se desarrolla, el número de idiomas estudiados va aumentado poco a poco, y se sigue contando con el apoyo de gobiernos subsecuentes y el respaldo y orientación de mexicanos ilustres. Desde México, el trabajo se extendió de tal manera, que hoy SIL International (Sumer Institute of Linguistics, la organización internacional afiliada con ILV) ha trabajado en más de 1200 idiomas en grupos étnicos de más de cincuenta países utilizando básicamente  el modelo mexicano. Esto ha beneficiado enormemente a grupos étnicos de todo el orbe, algunos que ni siquiera tenían escritura, ahora la tienen y la saben leer. En 1979 fueron expulsados de México por razones políticas, alegando “teorías imperialistas de conspiración”, alentadas principalmente por el clero y el Partido Comunista. A pesar del deseo de los indígenas mismos de que éstos permanecieran, ya que habían recibido mucha ayuda principalmente en el campo de la salud y la educación, cosa que ni el clero ni el gobierno les había proporcionado durante siglos, la expulsión se llevó a cabo. Retomaron su labor poco después, pero por medio de nuevas estrategias; actualmente se trabaja libremente en traducir biblias y nuevos testamentos a todos los dialectos mexicanos.


REFORMAS LEGALES PARA LIBRE EJERCICIO DEL CULTO EN MÉXICO

Con mayor o menor apoyo se continuó así hasta la época de Carlos Salinas de Gortari cuando se abrieron todas las posibilidades y reformas legales para el ejercicio del libre culto del Evangelio en México. Las congregaciones ya tenían personalidad jurídica, y podían registrarse como Asociación Religiosa (AR), con todos los derechos y obligaciones propios de una entidad legalmente existente. En ese sexenio, Luis Donaldo Colosio manifestaba su simpatía por los cristianos evangélicos, y su deseo de una mayor expansión de estos movimientos en el país. De hecho, el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol, actual Oportunidades) promovido por Salinas, se realizó desde una estrategia evangélica como resultado de la estrecha relación de Colosio con estos cristianos durante su gestión como Secretario de Desarrollo Social. Contemporáneamente, las denominaciones evangélicas tienen amplio acceso a los medios de comunicación, y la difusión del Evangelio por satélite, TV, internet, radio y prensa escrita es común en todo el país. En enero de 2012 se discuten nuevas reformas al artículo 24 Constitucional, lo cual ha generado controversias a nivel secular y cristiano, por posibles retrocesos en los logros alcanzados, pero hasta ahora nada hay definido. El crecimiento del cristianismo evangélico en México continúa en ascenso, y se abren cada día nuevas congregaciones a lo largo y ancho del territorio nacional, promediando nominalmente un 8% de la población global, constituyendo el de mayor auge en el país.

 

VER: HISTORIA DE LA IGLESIA 4. PENTECOSTALISMO EN MÉXICO, SONORA Y HERMOSILLO

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