USO DEL VELO EN LA MUJER CRISTIANA EVANGÉLICA

Description

La inmensa mayoría de congregaciones cristianas evangélicas no le dan importancia a las Escrituras con respecto a la cubierta sobre la cabeza de la mujer o uso del velo, y por tanto no lo practican. Otras más ni siquiera lo consideran, se saltan este importante pasaje, como si no existiera como mandato en las Escrituras o argumentando “que fue para la época de los corintios local y temporalmente”. Analicemos, pues, con una mente abierta y receptiva, lo que nuestro Señor ha mostrado verdaderamente acerca de que la mujer debe cubrirse la cabeza.

 


 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

En cuanto al mandato de 1ª Co. 11:3-15 de cubrirse la cabeza por parte de las mujeres cristianas evangélicas, la polémica sobre su práctica no empezó en nuestro siglo, sino que era común ya en la época del apóstol Pablo. El uso del velo o cubierta en la cabeza de la mujer ha sido una doctrina controversial en todas las épocas de la Iglesia. La Escritura hace referencia a cubrirse la cabeza, no al velo tradicional judío que cubría el rostro, cabello, cuello y hombros femeninos, dejando sólo los ojos al descubierto. Tampoco se refiere al velo con el que se cubrían los varones judíos, el cual sólo cubría la cabeza y es llamado talit y era un chal ritual; es decir, se usaba en momentos de culto o al entrar en lugares muy especiales para los judíos como sinagogas, cementerios o reuniones de culto especial. Esto derivó posteriormente en la tradicional kipá que portan actualmente los religiosos judíos en todo momento, y puede ser cualquier cubierta como gorro, sombrero, etc. A últimas fechas se ha aceptado su uso en las mujeres judías. Es de la mayor importancia no confundir el velo que tienen puesto los judíos (2ª Co. 3:13-16), con la cubierta que debe usar la mujer cristiana, ya que no tienen absolutamente ninguna relación. En cuanto al cabello, tampoco es cierto que le es dado por velo permanente. 1ª Co. 11:15 dice que el cabello le es dado por cobertura, y nosotros entendemos que es cuando no está orando o profetizando o en adoración. Es decir, que la mujer está cubierta siempre, pero cuando deja crecer su cabello. Y todo lo anterior absolutamente nada tiene que ver con la sharia o velo islámico ni con su perversa y desviada doctrina y práctica.
Que la mujer se cubra la cabeza es una doctrina revelada y establecida para la Iglesia. A pesar de la poca o nula importancia que las congregaciones cristianas le han dado a la cubierta de la cabeza de la mujer, la Escritura lo registra como una práctica común en las congregaciones de la Iglesia temprana. La historia de la Iglesia primitiva da testimonio de que las mujeres cristianas de entonces cubrían su cabeza. Tertuliano, un líder de la Iglesia en los primeros tiempos, quien vivió entre los años 160–222 d.C. escribe que “no sólo las mujeres casadas, sino también las doncellas se cubrían la cabeza en las congregaciones que estaban establecidas”. Crisóstomo también testifica que en su época todas las mujeres se cubrían la cabeza. En las catacumbas romanas (pasillos y cuartos subterráneos donde se ocultaban los cristianos durante tiempos de persecución) se pueden ver gráficos en las paredes hechos por cristianos de los primeros siglos, y en tales gráficos se representa a las mujeres con la cabeza cubierta con un velo. El de la izquierda está en el cubículo de la Velatio en las catacumbas de Priscila en Roma. Se le llama La Orante.
Para quienes crean que son cosas u ocurrencias actuales de algún pastor o ministro desorientado en nuestro tiempo, veamos lo que decían algunos reconocidos cristianos de la Iglesia temprana.

Tertuliano (160–222 d.C.) declara: “
Pero amonestamos a las mujeres a que no dejen esta disciplina de cubrirse... Te ruego, seas tú madre o hermana o hija virgen, cubre tu cabeza. ...Este asunto han entendido bien los corintios mismos. De hecho, hasta este mismo día, las vírgenes (igual que las mujeres) se cubren con el velo. Los discípulos aprueban lo que los apóstoles ordenaron. ...
He aquí, vino hacia mí una virgen ataviada como si saliera de la cámara nupcial, toda blanca y con sandalias blancas, con un velo hasta la frente, ... Hermas (150 d.C.)
...está mandado cubrirse la cabeza ... Clemente de Alejandría. (195 d.C.)
Que todas las mujeres tengan la cabeza cubierta ... Hipólito (200 d.C.)
¿Qué hará la mujer cristiana si descuidara esta ordenanza? ¿Callará la oración espontánea de agradecimiento? ¿Se enfrentará a la tentación sin el arma de la oración? ¿Dejará de cumplir con su Señor, privando a un alma necesitada de un testimonio? ¿Desafiará al Señor y menospreciará su mandato, orando y testificando sin el velo? ...Crisóstomo (344-407 d.C.)
Juan Calvino, uno de los reformadores, declaró: Si alguien ahora dijere que su cabello (el de la mujer) es suficiente, como un velo natural, Pablo dice que no lo es, pues es un velo del tipo que requiere el uso de otra cosa para cubrirlo.

Ésta era la opinión y experiencia de estos cristianos de la Iglesia primitiva y de la Reforma en cuanto al uso del velo, aunque se excedieran  en algunas cosas conforme a lo establecido estrictamente por la Escritura. Pero lo que queremos destacar con los testimonios de estos escritores antiguos es que hay evidencia
histórica de los primeros años del cristianismo y otras épocas de la práctica del uso del velo. Y no sólo en los primeros siglos, sino a través de la historia muchas congregaciones han enseñado y practicado que la mujer debe cubrirse. Vea cualquier pintura de mujeres cristianas en la Edad Media (gráfico derecha) o de las mujeres de los peregrinos fundadores de Estados Unidos (gráfico izquierda), y allí encontrará que llevaban cubierta la cabeza. Sin embargo, contemporáneamente casi todas las congregaciones han desechado este mandamiento junto con otras enseñanzas de las Escrituras. Podemos afirmar que la práctica y enseñanza del cubrirse la cabeza por parte de la mujer, ha sido continua desde la época del apóstol Pablo hasta hoy. Sin embargo, contemporáneamente casi todas las congregaciones han desechado este mandamiento junto con otras enseñanzas de las Escrituras. Pero nuestro Señor ha sacado a la luz estas doctrinas para preparar a su amada, a la obediente, a la Novia, para el encuentro con su Amado. Es de suponer que sólo la amada aceptará estas ordenanzas de Dios. Ella es la Iglesia verdadera. Quien se quitó la cubierta fue la falsa (religión católica). Y podemos ver cómo las congregaciones que han aceptado la sana doctrina, entre ellas las cubierta de la cabeza de la mujer, se han mantenido más alejadas de las contaminaciones del mundo. Queremos destacar que el aceptar esta enseñanza de la Palabra, debe ser correspondiente con una vida agradable al Señor. Si no, tal cosa es religiosa, y no es más que un simple trapo en la cabeza.
TESTIMONIOS GRÁFICOS DE MUJERES CRISTIANAS CON CUBIERTA EN LA CABEZA A TRAVÉS DE LOS SIGLOS DURANTE MOMENTOS DE COMUNIÓN CON EL SEÑOR
(IZQ.) CATACUMBAS ROMA 200 d. C.  (CENTRO) CONGREGACIÓN LUTERANA 1525 d. C.  (DER.) MUJERES CON VELO CULTO CRISTIANO INGLATERRA 1650

 


 

RESPALDO EN LAS ESCRITURAS

¿Ha cambiado Dios su palabra? ¿Acaso tienen razón los que no practican este mandamiento de las Escrituras (no de Pablo) en sus congregaciones? Veamos el texto de 1ª Co. 11:2-16.

Los alabo, hermanos míos, porque en todo se acuerdan de mí, y retienen los mandamiento tal como se los entregué. Pero quiero que sepan que el Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios es la cabeza del Cristo. Todo varón que ora o profetiza con su cabeza cubierta, deshonra a su cabeza, y toda mujer que ora o profetiza con su cabeza descubierta deshonra a su cabeza, porque se hace igual a la que ha rapado su cabeza; porque si la mujer no se cubre, que también se corte el cabello, y si es indecoroso para la mujer cortarse el cabello o raparse, que se cubra, porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y gloria de Dios, pero la mujer es gloria del varón; porque el varón no procede de la mujer, sino que la mujer del varón, ni tampoco el varón fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del varón. Por esta razón, la mujer debe tener autoridad sobre su persona, por causa de los ángeles. No obstante, en nuestro Señor, ni el varón es sin la mujer ni la mujer es sin el varón, porque tal como la mujer procede del varón, del mismo modo también el varón viene por medio de la mujer, pero todo procede de Dios. Juzguen entre ustedes por sí mismos: ¿es apropiado que la mujer ore a Dios teniendo su cabeza descubierta? ¿No les enseña la naturaleza misma que si el varón se deja crecer el cabello, le es deshonroso? Pero si la mujer se deja crecer el cabello, le es honroso, porque su cabello le es dado por cobertura. Con todo, si alguno contiende acerca de esto, nosotros no tenemos tal costumbre, ni tampoco la Iglesia de Dios. (1ª Co. 11:2-16)

Hay algunos estudiosos de la historia y culto del pueblo judío que tratan de explicar lo que Pablo establece como ordenanza del Señor en su epístola a los corintios. Ellos afirman que Pablo “
estaba hablando de una costumbre nueva introducida en ciertas congregaciones de la gentilidad. Los hombres judíos siempre oraban con la cabeza cubierta. Por otra parte, tanto los varones griegos como sus mujeres oraban con la cabeza descubierta. Es decir, que mientras los judíos varones se tapaban para orar, las mujeres griegas no lo hacían. Por lo tanto, los cristianos gentiles para hacer la diferencia adoptaron el uso del velo de las mujeres en los lugares públicos de oración. Ésta es la causa por la cual el perito arquitecto de la iglesia se ve en la necesidad de establecer la doctrina de que la mujer se cubra la cabeza. Aquí es donde Pablo pone en orden la controversia que se estaba dando desde el inicio de las primeras congregaciones cristianas, estableciendo que la mujer debe cubrirse la cabeza como un símbolo de autoridad sobre su cabeza.”Lo anterior no tiene sustento espiritual alguno. Pablo la estableció como ordenanza revelada de parte del Señor directamente, y no como contrapartida para tradición o costumbre social judía o pagana previamente existente.
El contexto de esta ordenanza es la sujeción de la mujer a la autoridad del varón, y de la gloria del Cristo sobre el varón y del varón sobre la mujer. En 1ª Co. 14:34, 35, Pablo ordena esta sujeción como algo revelado y también confirmado por la ley. Lo ratifica en Ef. 5:22, 23, 1ª Ti. 2:11-14, Tit. 2:5, y también Pedro en 1ª P. 3:1. En la porción de Ef. 5 vemos que Cristo es la cabeza de la Iglesia y el marido la cabeza de la mujer, y a la mujer se le ordena someterse y ser gloria del varón.
Una que pudiera ser la razón principal de esta demanda de sujeción y cobertura es lo declarado en el pasaje de 1ª Ti. 2:11-14 donde afirma que: “...Adán no fue el engañado, sino que la mujer siendo engañada, transgredió el mandamiento”. ¿Qué nos enseña esto? La experiencia nos muestra que la mujer es más susceptible de ser engañada espiritualmente, debido precisamente a su sensibilidad espiritual. Por eso Pablo es tan radical cuando ordena que la mujer no enseñe, que no dirija, que no predique, sino que guarde silencio, porque pudiera presentarse alguna intromisión espiritual satánica. Algunos han tomado esta posición de Pablo como misoginia o rechazo a la mujer. Pero no, ya que él deseaba proteger a la mujer de los ataques espirituales del enemigo a los cuales ella es más vulnerable, y si está en sujeción, ella estará protegida contra esos ataques. A la mujer se le demanda cubrirse cuando ora o profetiza o en sus momentos espirituales más íntimos con el Señor, porque es cuando está más vulnerable a estas intromisiones. Al cubrirse la cabeza, está diciendo a las huestes espirituales de Dios: “Estoy bajo sujeción, guárdenme, protéjanme, reconozco autoridad sobre mi persona”, y a las huestes de maldad: “No se atrevan a acercarse, porque estoy bajo cobertura, y reconozco a la autoridad que tengo sobre mí; esta cubierta en mi cabeza es la señal”.
Watcham Nee, el reconocido predicador del Evangelio a China de principios del siglo XX, declara:¡Muchos quieren argumentar que la mujer no tiene que cubrirse la cabeza! Esto equivale a decir que la autoridad de Dios sobre Cristo es un asunto exclusivo de los corintios, y no un asunto universal; esto equivale a decir que la autoridad de Cristo sobre el hombre es un asunto exclusivo de los corintios, y no un asunto universal; y esto equivale a decir que la autoridad del hombre sobre la mujer es un asunto exclusivo de los corintios, y no un asunto universal. Pero, ¡damos gracias a Dios! Ser cristiano es un asunto universal, y no un asunto exclusivo de los corintios. Del mismo modo, el hecho de que Dios sea la Cabeza de Cristo y que Cristo sea la cabeza de todo varón son asuntos universales, no asuntos exclusivos de los corintios. Así también, el hecho de que el hombre sea la cabeza de la mujer es un asunto universal, y no una cuestión que pertenece exclusivamente a los corintios.
¿Qué les dijo Pablo a aquellos que pensaban que las hermanas no debían cubrirse la cabeza y que se oponían a sus palabras, a esta decisión y a la comisión que él había recibido de parte del Señor? El dijo: “Nosotros no tenemos tal costumbre”. La palabra “nosotros” se refiere a Pablo y a los apóstoles. No había tal costumbre entre los apóstoles. No había hermanas que no se cubrieran la cabeza entre los apóstoles. “Si alguno quiere ser contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre” No hay modo de argumentar. Si alguno desea argumentar, “tampoco las iglesias de Dios” tienen tal costumbre. Esto quiere decir que nadie puede argumentar sobre esto. ...Todos los apóstoles creían firmemente que la mujer debía cubrirse la cabeza. Si hubiese habido algún apóstol que no creyera que la mujer debiera cubrirse la cabeza, no habría estado entre los otros apóstoles y seguramente habría sido como uno ajeno a ellos. Los apóstoles no tenían tal costumbre entre ellos. Si una iglesia intentaba protestar contra esto, la respuesta de Pablo era que las iglesias de Dios no tenían esa costumbre. Ninguna iglesia tenía tal costumbre. No existía tal costumbre entre las iglesias locales que los apóstoles visitaban. A partir del versículo 16, Pablo cesó de presentar razonamientos respecto a este asunto. Sus razonamientos terminaron en el versículo 15. En el versículo 16, Pablo ya no expuso más razones. Si alguien quería ser contencioso, Pablo dijo que ningún apóstol debería estar de acuerdo con tal persona. Tal persona no tendría nada que ver con los apóstoles ni con la iglesia. Todos los apóstoles y todas las iglesias creían en esto, y nadie debía argumentar al respecto.”


¿Qué significa que la mujer evangélica se debe cubrir “por causa de los ángeles”?

Esta cobertura nada tiene qué ver con ocultar o encubrir algo a semejanza del velo tradicional oriental, sino con cubrir. Es decir, la mujer cubre su cabeza en momentos de oración, adoración o profecía como señal a entidades espirituales de que está bajo sujeción a alguna autoridad o cobertura espiritual, no como Eva que debió estar bajo la cobertura de Adán, pero fue presa fácil de Satanás por no respetar la cobertura que se le asignó. La Biblia Peshitta traduce en 1ª Co. 11:10 “...la mujer debe tener autoridad sobre su persona, por causa de los ángeles”. La mayoría de las traducciones de las Escrituras añaden la palabra “señal” a este versículo para que se lea “tener señal de autoridad sobre ...”, pero esa expresión no aparece en los manuscritos originales. Sólo dice “...tener autoridad sobre ...”.
Este “por causa de los ángeles” es un misterio. Pudiera ser que los ángeles detectan de esta manera que esa mujer está en sujeción, en obediencia y bajo cobertura, y ellos desempeñan la labor encomendada por el Señor en su protección en momentos de mayor comunión espiritual como durante la oración o cuando profetiza, para evitar con ello la intromisión de fuerzas espirituales ajenas al Señor. Los ángeles de Dios se complacen en la sujeción gozosa de la mujer cristiana, que se manifiesta por medio de su obediencia al cubrirse con un velo. Cuando la mujer lleva esta insignia sobre su cabeza aunada a la obediencia a su autoridad y genuina convicción, goza de la presencia y protección de los ángeles.
Otro motivo puede ser la incursión de seres espirituales de maldad en sus momentos de comunión. No debemos pasar por alto la experiencia que hubo con los entes espirituales que pusieron sus ojos en las mujeres de acuerdo a Gn. 6:1-4. Veamos:

Aconteció que habiendo comenzado a multiplicarse los hijos de los hombres sobre la superficie de la Tierra, les nacieron hijas. Y viendo los hijos de Alohim que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres de entre todas ellas. Entonces dijo Yahweh:  No permanecerá mi aliento con el hombre para siempre porque es carne; serán sus días ciento veinte años. En aquellos días, y también después, había gigantes en la Tierra por cuanto los hijos de Alohim se habían allegado a las hijas de los hombres, y ellas les habían dado a luz gigantes, quienes son los poderosos de renombre desde la antigüedad.

Lo anterior es evidencia de eventos híbridos entre entidades espirituales de maldad y mujeres de los humanos, que dio como resultados cruzas genéticas abominables y de extrema maldad. El alto grado de pecado en esa época dio como resultado la incursión de estos seres, no sólo espiritualmente sino hasta físicamente. No conocemos a fondo el mundo espiritual, pero nuestro Señor sí, y el acto de obediencia por parte de la mujer cristiana la guarda de incursiones de este tipo. Y esto cobra mayor intensidad cuando la mujer ora o profetiza, y por tanto debe estar cubierta para no correr riesgos de intromisión, especialmente de los espíritus matriarcales de Jezabel, sin ignorar a los íncubos, espíritus que se presentan como entes masculinos para proporcionar placer sexual a las mujeres (Is. 13:22; 34:14).
Otra posible interpretación es que los ángeles a que se refiere 1ª Co. 11:10 sean humanos, tal como en Ap. 1:20; 2:1, 8, 12, 18 y 3:1, 7, 14, donde los destinatarios responsables de las congregaciones mencionadas son personas a las que se les encomiendan dichas congregaciones, y se hace referencia a ellos como ángeles o mensajeros. En este caso sería una señal para los varones.
La mujer fiel, obediente y cubierta puede ejercer una influencia tremenda y poderosa en los lugares celestiales cuando ministra en la oración e intercesión ante el Padre. La iglesia necesita a tales mujeres que puedan servir en la posición de poder que el Señor les ha dado.
Es imposible hasta ahora explicar cómo funciona el hecho de ponerse un simple trozo de tela sobre la cabeza, pero tampoco se puede explicar cómo es que una inmersión en agua nos da el bautismo, nos resucita con el Cristo y muere el viejo hombre, pero nos seguimos bautizando sin entenderlo del todo. O cómo el ungir con aceite a una persona le trae bendición, cuando no es algo más que aceite, pero lo seguimos practicando y con frutos espirituales y físicos como evidencia de que funciona. Lo mismo podemos decir de tomar el pan y el vino en la comunión del Señor, y con una advertencia física muy clara de que si se toma indignamente pueden enfermarse y hasta morir. Así también con el levantar las manos o aplaudir en alabanza y adoración o el saltar y danzar. Estos símbolos no tienen valor a menos que vayan acompañados de la experiencia espiritual que simbolizan y de la obediencia y sujeción de todo corazón al Señor y, en el caso de la mujer cristiana, a su cabeza, ya sea esposo, padre o pastor.
Entonces, ¿por qué el cubrirse la cabeza no es una práctica en las congregaciones cristianas? Lo ignoramos, pero tal como dijo Pablo: “no tenemos tal costumbre”; se refiere a la costumbre de la contienda por cosas como ésta. El Señor nos exhorta a obedecer estas prácticas, aunque no las entendamos.

Jesús contestó, diciéndole: Lo que yo hago, ahora no lo entiendes, pero lo entenderás después. (Jn. 13:7)

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos, pero cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte cesará. (1ª Co. 13:9, 10)


¿Cuál es el propósito de cubrirse la cabeza por parte de la mujer cristiana?

El cubrirse la cabeza tiene un propósito espiritual y es una insignia de autoridad sobre el ser mismo de la mujer, reconociendo con ello que es una persona bajo autoridad, ya sea paterna, de su marido o pastoral, dependiendo de su condición civil. Tal simbolismo espiritual indica también que es una señal hacia los ángeles de que está bajo autoridad, ya que éstos son ministradores de parte de Dios y deben protegerla, y también hacia las entidades espirituales malignas de que esta mujer está protegida por la cobertura de su esposo, padre o pastor, y no debe haber intromisión en sus momentos de comunión. El símbolo de autoridad que la mujer tiene sobre su persona (ya sea el velo, ya sea el cabello con corte femenino) es dirigida al esposo o al varón, y también a los ángeles, reconociendo que el varón es gloria de Dios y ella es gloria del varón. El varón tiende a atentar contra la santidad de Dios, mientras que la tendencia de la mujer es atentar contra la justicia de Dios, es decir, la rebeldía, insujeción, manipulación y supremacía contra el varón.
Cuando la mujer evangélica utiliza el velo en sus momentos de mayor intensidad espiritual y vive en obediencia y congruencia con el significado de éste, envía el mensaje al varón y a los ángeles fieles y rebeldes de que el Padre es sobre toda autoridad y es la cabeza de Jesucristo, de que Jesucristo es la cabeza del varón, y de que ella está reconociendo al varón como cabeza y autoridad sobre su persona. Esto glorifica a Dios, testifica al varón y a los ángeles fieles, e inhibe la incursión de los entes espirituales de maldad, incluyendo a los espíritus dominantes jezabélicos.


¿Cuándo debe la mujer cubrirse la cabeza?

La Palabra es clara al respecto: cuando ora o profetiza, es decir, en momentos de comunión o experiencia espiritual profunda con el Señor. Algunos creen que nunca, otros que la mujer debe tener siempre la cabeza cubierta. Pero las Escrituras enseñan que la mujer debe cubrirse la cabeza solamente cuando ora o profetiza o en momentos muy íntimos de adoración. No cuando está cantando o danzando o cuando está oyendo la Palabra. Es decir, únicamente en todos los momentos de especial intimidad o comunión con Dios. En sus demás actividades cotidianas, el cabello le es dado por cobertura.

¿Qué significa “cabello por cobertura”?

Es necesario contestar con claridad por qué el apóstol Pablo habla que a la mujer le fue dado su cabello por cobertura. Pablo dijo categóricamente que si la mujer no se quería cubrir entonces que se rapara el cabello. Él hizo alusión a esto ya que en ese tiempo las mujeres que no se cubrían eran consideradas prostitutas, y a las esclavas se les rapaba la cabeza. Pablo está manejando la ironía de que es mejor que la mujer se vea como una esclava y no como una prostituta. Cuando Pablo dice que a la mujer le es dado el cabello en lugar de cobertura sobre la cabeza, lo que significa es que para las actividades cotidianas de la mujer, el cabello natural en corte femenino es suficiente como cobertura; en esos momentos no necesita cubrirse con velo, ya que la cobertura espiritual de su esposo, padre o pastor está habilitada para cubrirla espiritualmente si acepta la sujeción. Si está en desobediencia a su autoridad, da lo mismo que traiga el cabello largo o corto, que use velo o no. A la mujer le fue dado de manera natural el cabello distintivamente femenino como cobertura para que siempre tenga una insignia de autoridad sobre su persona, de que está en una condición de sujeción y dependencia. Es importante resaltar que toda mujer cristiana debe cubrir su cabeza cuando ora o profetiza. La bendición espiritual de la obediencia en este punto se manifestará en las que decidan cubrirse. La palabra “también” en este versículo (11:6) muestra sin lugar a duda que se está hablando de una cubierta que no es el cabello mismo. Queda excluida la posibilidad de que el cabello largo le es dado a la mujer como su única cubierta. Aquellos que toman la posición de que el cabello es el único velo, pronto se enredan en algunos absurdos, ya que cómo Pablo va a dedicar 14 versículos a disertar y ordenar el uso de la cubierta en la cabeza de la mujer, y luego uno a desdecirse de todo lo anterior.


La mayoría de las congregaciones cristianas no usa el velo, ¿por qué aquí sí?

La mayoría estaba afuera del arca cuando vino el diluvio en tiempos de Noé. No podemos basarnos en la democracia o en la mentalidad de las mayorías para determinar si una doctrina es del Señor. Tampoco en el mover teológico de moda. La doctrina de la Iglesia la reveló el Espíritu Santo a sus siervos, y nuestra alternativa es obedecerla o no. De ello seremos responsables individualmente ante el Señor; ya sea los dirigentes si enseñaron o no la sana doctrina, y los congregantes, si la  obedecieron o no.

Pero tú, ¿por qué censuras a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos nosotros habremos de comparecer ante el Tribunal del Cristo, como está escrito: “Vivo yo —declara Yahweh— que ante mí toda rodilla se doblará y toda lengua me confesará”. De manera que cada uno de nosotros rendirá cuenta a Dios de sí mismo. (Ro. 14:10-12)


Me da vergüenza usar el velo, porque mis amigas cristianas no lo usan.

Les aseguramos a muchas mujeres que si surgiera una moda de usar velo o cubrirse la cabeza con pañuelo o chal o algo parecido, todas se lo pusieran, no solamente cuando oran o profetizan, sino todo el día. Entre el 2008 y el 2010 anduvo de moda usar pañoleta entre las mujeres, y muchas lo usaban sin ninguna pena. Entonces, ¿Vamos a proceder conforme al mundo o conforme a la Palabra? Además, nuestro Señor tiene una palabra para quienes se avergüencen de Él.

Decía entonces ante todos: El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame, porque el que quiera salvar su alma, la perderá, pero el que pierda su alma por causa de mí, la salvará. Porque ¿qué provecho obtendrá un hombre si ganara el mundo entero, pero perdiera su alma o sufriera pérdida? Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en la gloria de su Padre junto con sus santos ángeles. (Lc. 9:23-26)

 


 

ORIGEN DE ESTA PRÁCTICA

Lo que motivó a Pablo a sentar esta doctrina de cubrirse la cabeza, fue una ordenanza del Señor no una decisión personal para contrarrestar tradiciones judías o paganas. El Señor le ordenó esto a Pablo para obediencia y sujeción de la mujer en la Iglesia. El varón es imagen y gloria de Dios. La mujer surge del varón y es su gloria. Ella cumple su propósito divino a lo máximo cuando funciona en su posición al lado del varón bajo su autoridad, pues fue creada para el varón (Génesis 2:8-23) y es su gloria. Esto de ninguna manera expresa inferioridad, pues son iguales en gracia, salvación, perdón, redención y misericordia. Lo que sí expresa es que en esta dispensación terrenal ella es llamada a ser sumisa al varón en la familia, en la iglesia y en las relaciones sociales.
El espíritu matriarcal de Jezabel y sus huestes están siempre al acecho. El Señor conoce la condición femenina más que nosotros, y sabe que es sumamente susceptible al mundo espiritual, pero debido precisamente a esa susceptibilidad es más factible que sea engañada, tal como sucedió con Eva. Por eso la demanda a la mujer de que esté en sujeción a autoridad, de que no enseñe y mucho menos que dirija una congregación, ya que los riesgos espirituales son elevados. Esto no es aceptado y no gusta a muchas mujeres, pero no es doctrina de hombres, es ordenanza del Señor. Es tolerable que eventual, ocasional, circunstancialmente, ante la falta de un varón preparado para dirigir, en lugares alejados de centros urbanos, y sólo temporalmente, una mujer pueda ministrar una congregación, siempre y cuando esté bajo cobertura. Pero en cuanto el Señor levante varón para esa congregación, ella debe ser relevada. La mujer es una auxiliar extraordinaria en las labores de las congregaciones; en el área infantil, en las labores de oficina, en la alabanza, en la intercesión, como vaso en los dones y en la ministración y consejería a mujeres, pero siembre bajo cobertura de varón. Nunca en ministerios primarios como apóstol, profeta, evangelista, pastor o maestro. Estos son ministerios esencialmente para el varón.
En el servicio en la congregación, la mujer cristiana tiene que estar sujeta a varón. Ella debe obedecer a los pastores y líderes varones. Esta sujeción no significa una condición de esclavitud ni de explotación, ni que la mujer es de menor importancia que el varón. Esto se relaciona solamente con la función de servicio de la mujer dentro de la congregación, y no tiene que ver con su valor e importancia dentro de la congregación para efectos de salvación o dignidad personal. La mujer cristiana sí tiene un servicio que cumplir. Tiene dones espirituales que ejercer en el reino de Dios. En la Iglesia primitiva había muchas mujeres que colaboraban grandemente en la obra, pero siempre lo hacían según este orden de las Escrituras, no participando en la dirección de la Iglesia. Las mujeres no ejercían autoridad sobre los hombres.
En las funciones espirituales de orar y profetizar, el varón no debe cubrirse la cabeza. Jesucristo, siendo la cabeza del hombre, es invisible. La cabeza descubierta del hombre simboliza la autoridad que Dios le ha dado sobre todas las cosas visibles. Cuando el hombre ejerce esta autoridad de forma apropiada glorifica al Creador. De esta manera su cabeza descubierta refleja la gloria del Cristo.
Si el varón cristiano se cubriera su cabeza con algo cuando ora o profetiza, entonces estaría declarando que él no desea ejercer la autoridad dada por Dios. De esa manera él estaría afrentando (deshonrando) al Cristo. La cabeza descubierta y el cabello bien cortado, distintivamente masculino, declaran que el hombre cristiano es varonil y que está dispuesto a aceptar sus responsabilidades en la congregación. En las actividades cotidianas de su vida, no hay problema alguno con que el varón use gorro, sombrero o alguna cobertura por razón estética o ambiental.
¡Qué lamentable es cuando esta distinción entre hombre y mujer se elimina! Hoy en día muchas mujeres se visten como hombres, no se cubren y se cortan el cabello varonilmente o hasta se rapan. Muchas de ellas tienen las mismas responsabilidades que los hombres en el hogar, el trabajo, la política y la sociedad en general. Y peor aún es que existan hombres que debido a la moda y a la flaqueza de su carácter, se dejan crecer el cabello y se atavían usando ropa, joyas, cosméticos y perfumes que sugieren una actitud y tendencia femenina. Ahora anda de moda entre varones usar pantalones y camisetas entallados, demasiado ajustados. Muchos de estos hombres no ejecutan sus responsabilidades de ser líderes en lo moral y lo espiritual. Tales hombres afrentan o deshonran a Dios, el Creador. Y estamos hablando de varones que se declaran cristianos y ejercen ministerios reconocidos, como ejemplo Benny Hinn, pero también de congregantes regulares.
De acuerdo a la importancia de esta evidencia nosotros podemos ver la necesidad de la cubierta sobre la cabeza de la mujer. Apelando a la conciencia del lector, el apóstol Pablo hace esta pregunta: "¿Es apropiado que la mujer ore a Dios teniendo su cabeza descubierta?" Por supuesto que no. Aquí en estos versículos se nos da a conocer que la naturaleza misma nos enseña que Dios le ha dado a la mujer una cobertura natural, honrosa y distintiva: su cabello. Manifiesta su femineidad. ¿Qué más, pues, se necesita para convencer a toda mujer cristiana evangélica de que es necesario cubrir su cabeza cuando ora o profetiza? El Señor lo ordena, los ángeles lo reconocen y la naturaleza lo enseña.
Y al hombre le ha hecho saber que su cabello tiene que ser corto, porque el cabello largo le es deshonroso. Si no lo hace, menosprecia su ser varonil y autoridad. Desde la perspectiva de Dios, el cabello largo le es deshonroso al varón. La distinción externa entre los sexos es un mandato de las Escrituras, y el largo del cabello es una evidencia primaria de ello. La definición de "largo" tal vez varíe entre diferentes culturas y épocas, pero el que es espiritual podrá percibir los límites para sí mismo y para los que están bajo su autoridad.

La mujer no se vestirá con ropa de hombre, ni el hombre se vestirá con ropa de mujer, porque todo el que haga estas cosas es abominable ante Yahweh tu Dios. (Dt. 22:5)

 


 

LA AUTORIDAD DE ESTA DOCTRINA

Quienes no aceptan esta doctrina tuercen y tratan de confundir invocando 1ª Co. 11:16, que dice: "Con todo, si alguno contiende acerca de esto, nosotros no tenemos tal costumbre, ni tampoco la Iglesia de Dios.". Estas personas creen que lo que Pablo declara en esta porción es que si alguno no quiere aceptar esta doctrina, es su decisión, no hay problema; dan a entender que no se practicaba entre las congregaciones cristianas primitivas, y que por tanto, su práctica es algo opcional.
Pero nosotros creemos que no tienen suficiente luz al respecto, ya que si esto no fuera ordenanza del Señor, Él no hubiera inspirado a Pablo a escribir las indicaciones de los primeros 14 versículos de este pasaje para luego dejar la alternativa de su práctica o no en el versículo 16. El Señor no se contradice. Para efectos prácticos, toda doctrina de las Escrituras es opcional en el sentido de que el Señor no nos va a estar obligando a obedecerlo, pero cada uno será responsable ante Dios de su obediencia o no, ya que para Él es obligatorio su cumplimiento.
La interpretación sana y correcta de este versículo es que si alguno quiere oponerse a esta ordenanza, las congregaciones de Dios sí tienen la costumbre de que las mujeres se cubran la cabeza, pero Pablo dice que no tenemos la costumbre de contender con respecto a este tema. El Señor lo ordena, ustedes obedezcan. Punto.
Otros afirman que era una costumbre aplicable sólo a las congregaciones de Corinto. Bajo esta premisa, entonces digamos que el tomar el pan y el vino y el bautizarse también era sólo para ellos, ya que allí lo menciona. La verdad es que son ordenanzas de aplicación general en la Iglesia de Jesucristo, y tienen plena fuerza y vigencia hoy como la tenían en la Iglesia temprana.
Hay quienes afirman que era una costumbre temporal. Entre los judíos se acostumbraba adorar con la cabeza cubierta, tanto hombres como mujeres. En cambio, los griegos (hombres y mujeres) lo hacían con la cabeza descubierta. La cubierta en la cabeza de la mujer cristiana no llegó a ser practicada como ordenanza hasta que Pablo estableció los principios y las aplicaciones que el Espíritu Santo le inspiró. Reducir el uso del velo a mera costumbre local y temporal, es menospreciar también el impacto de la Palabra de Dios. Las costumbres van, vienen, desaparecen o se reemplazan; un mandamiento de Dios es de vigencia, fuerza y aplicación permanente.

Pablo, llamado y apóstol de Jesucristo conforme a la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, llamados y santos que han sido santificados en Jesucristo, y a todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor suyo y nuestro. (1ª Co. 1:1, 2)

Algunos se preguntarán: “Entonces, ¿qué pasará con las que no se cubran la cabeza o el pastor que no enseñe acerca de esto?” Pues estarán en desobediencia ante Dios en este aspecto. No debemos justificarnos de nuestra desobediencia a causa de la desobediencia de otros cristianos. Si algunos no practican esta ordenanza por falta de instrucción o de entendimiento, tal vez alcancen misericordia “porque lo hicieron en ignorancia”. Pero a los que niegan y rechazan la sana doctrina de Dios deliberadamente, la Escritura los juzga, y probablemente el Señor les pedirá cuentas cuando comparezcan ante el Tribunal de Jesucristo (2ª Co. 5:1-10).

Y si alguno entre ustedes considera que es profeta o que es espiritual, reconozca que esto que les escribo son ordenanzas de nuestro Señor. Pero si alguno no lo reconoce, que no lo reconozca. (Apóstol Pablo en 1ª Co. 14:37, 38)

Toda Escritura que ha sido escrita por el Espíritu, es provechosa para enseñanza, para amonestación, para corrección, para instrucción en la justicia, con el propósito de que el hombre de Dios sea maduro e íntegro para toda buena obra.
(Apóstol Pablo en 2ª Ti. 3:16, 17)

También tenemos la segura palabra profética, a la cual hacen bien en estar atentos como a una lámpara que ilumina en lugar oscuro, hasta que el día despunte y el sol resplandezca en sus corazones, sabiendo esto antes que nada: que ninguna profecía tiene la interpretación en su propio texto, porque la profecía jamás fue traída por voluntad humana, sino que los santos varones de Dios hablaron impulsados por
el Espíritu Santo. (Apóstol Pedro en 2ª P. 1:19-21)

Tengan en cuenta, pues, que la paciencia del Señor es para salvación, como también nuestro amado hermano Pablo les ha escrito, de acuerdo a la sabiduría que le ha sido concedida, como también en todas sus epístolas él habla en ellas de estas cosas, entre las cuales hay algunas difíciles de comprender que los indoctos e inestables tuercen, como también lo hacen con el resto de las Escrituras, para su propia perdición. (Apóstol Pedro en 2ª P. 3:15, 16)

 


 

CUANDO LA IGLESIA FALSA SE QUITÓ EL VELO, LA VERDADERA SE LO PUSO.

Cabe señalar que desde que la religión católica romana dejó de promover el uso del velo en sus templos y feligresía, paralelamente esta primitiva práctica cristiana comenzó a fluir, a reinstaurarse y a tomar relevancia entre algunas congregaciones cristianas evangélicas vigorosas y buscadoras del Señor. Esto nos indica que estamos en los tiempos finales, y una de las características de la amada será su obediencia, y el cubrirse la cabeza es parte fundamental de ello. Porque cuando la iglesia falsa (católica romana) desechó la doctrina de la cubierta de la cabeza de la mujer por allá en 60's, se lo comenzaron a poner algunas congregaciones cristianas evangélicas. Cuando la iglesia falsa se quitó el velo, la Iglesia verdadera, la Novia, reinstauró la práctica de esta ordenanza del Señor para los últimos tiempos.
Pero al igual que Pablo, nosotros decimos: Con todo, si alguno contiende acerca de esto, nosotros no tenemos tal costumbre, ni tampoco la Iglesia de Dios. No contenderemos sobre este asunto, lo obedeceremos tal como lo indica la Palabra. Amén

 

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